31.7.2026 13:42

«Cantos de sirena»

Španělsko SEO/BirdLife Autor neuveden
AI shrnutí

Nuestra directora ejecutiva. Asunción Ruiz, hace un repaso en su editorial publicado en el nº48 de “Aves y Naturaleza” de las medidas de protección adoptadas en las costas españolas para salvaguardar especies de aves marinas como la pardela balear, así como de las distintas iniciativas que SEO/BirdLife, junto con otros socios, ha logrado impulsar con el fin de proteger el ecosistema marino.

«Cantos de sirena»

El conocimiento ya ha marcado el rumbo, ahora toca mantener firme el timón

Cuando cae la noche, una pardela regresa al mismo islote donde nació. Ha recorrido miles de kilómetros de mar abierto, ha esquivado temporales, depredadores, anzuelos y luces que no deberían estar donde están. Y, sin embargo, encuentra su ura en el acantilado. Lo hace sin mapas, sin satélites, sin tratados internacionales. Nosotros no.

Durante siglos, algunos marineros confundieron sus reclamos nocturnos, extraños y casi humanos, con cantos de sirena. La leyenda decía que esas voces atraían a los navegantes hacia las rocas. Pero quizá el mito escondía otra enseñanza: no todos los cantos que escuchamos nos engañan. A veces el problema no está en la voz del mar, sino en nuestra incapacidad para interpretarla.

España nunca había conocido tan bien su océano. Sabemos dónde se alimentan muchas aves marinas, qué corredores ecológicos utilizan, dónde interactúan con la pesca, qué colonias necesitan protección y qué espacios resultan especialmente sensibles ante nuevas actividades. Sabemos también que amenazas aparentemente lejanas, como la contaminación lumínica en la costa, pueden desviar a miles de pollos de pardela de su primer vuelo hacia el mar. Hace apenas unas décadas, buena parte de ese conocimiento no existía. Hoy sí. Eso lo cambia todo.

Antes de proteger el mar hubo que navegarlo. Durante décadas, administraciones, universidades, centros de investigación, pescadores, voluntarios y organizaciones conservacionistas hemos contribuido a construir esa carta de navegación. En ese proceso, SEO/BirdLife ha desempeñado un papel decisivo a través de: censos, seguimiento mediante GPS, campañas oceanográficas, trabajo con BirdLife International, identificación de Áreas Importantes para la Conservación de las Aves y la Biodiversidad en el medio marino y su contribución a la posterior declaración de las ZEPA marinas integradas en la Red Natura 2000.

Como se divisa en el horizonte, no es solo la historia de una organización; es la historia de un país que ha aprendido a leer el mar.

La mayor aportación del trabajo realizado no ha sido únicamente señalar dónde había que proteger, sino explicar por qué y con quién contar. El vuelo de una pardela, el movimiento de un paíño, la concentración de charranes o esos acantilados que fueron refugio de nuestros últimos araos, han dejado de ser observaciones aisladas para convertirse en información útil para atender mejor a nuestro medio marino.

En el mar, remar en la misma dirección facilita la travesía. De hecho, nuestra colaboración con el sector pesquero ha demostrado que es posible reducir las capturas accidentales de aves marinas mediante prácticas sencillas como: cambios en los horarios de calado, dispositivos disuasorios, mejoras en la gestión a bordo y adaptación de las artes. Proteger aves no significa dar la espalda a quienes viven del mar, significa trabajar con ellos para que haya aves, peces y futuro para todos.

Nuestro país está en la vanguardia del conocimiento de su medio marino gracias a proyectos punteros, como el LIFE INTEMARES que han mostrado, además, que la conservación marina no puede quedarse en la declaración de espacios. Necesita gestión, seguimiento, financiación, participación y medidas concretas. No pueden quedar cabos sueltos.

España puede sentirse orgullosa de su liderazgo internacional. El apoyo al Tratado Global de los Océanos y la defensa del objetivo de proteger al menos el 30 % del medio marino antes de 2030 nos sitúan entre quienes han entendido que la biodiversidad marina es una cuestión estratégica.

Ese liderazgo merece reconocimiento, pero el buen patrón no presume del puerto, llega a él.

Ese puerto exige culminar en nuestras propias aguas lo que España defiende con ambición en los foros internacionales. Porque nuestros espacios marinos protegidos necesitan planes de gestión plenamente aplicados. Porque las capturas accidentales siguen siendo una causa relevante de mortalidad para especies amenazadas. Porque la contaminación lumínica es un impacto evitable. Porque la planificación de las energías renovables marinas decidirá si somos capaces de compatibilizar transición energética y biodiversidad marina sin enfrentar dos objetivos que deben avanzar juntos.

No dejemos que nos arrastre la ola. Sabemos que la complacencia, el negacionismo y la dilación son los cantos que nos desvían de la conservación del mar. Y también que la ciencia, los datos y la experiencia acumulada son las voces a las que debemos prestar atención. Aviso a navegantes: cada temporada de cría perdida cuenta. Cada colonia de pardela degradada tarda años en recuperarse. Cada retraso aumenta el coste ambiental, económico y social de las soluciones futuras en el mar.

Este país ya no puede alegar desconocimiento. Sabe dónde actuar. Sabe cómo reducir amenazas concretas. Sabe que proteger el mar exige gestionar, no solo declarar. Sabe que la ciencia debe ser la brújula de la transición energética y ecológica. Y sabe que buena parte de ese conocimiento existe gracias al trabajo perseverante de quienes decidieron escuchar el mar antes de decidir sobre él.

Los viejos marineros sabían que el mar siempre acaba poniendo a prueba al capitán. España dispone hoy de algo que nunca había tenido: conocimiento suficiente para gobernar mejor sus mares. Ahora corresponde a la política estar a la altura. La ciencia ya ha marcado el rumbo, ahora toca mantener firme el timón.

El mar —ese que aún resiste en la voz de las pardelas— ya no puede permitirse más cantos de sirena.



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