El retorno de la economía tangible

27.9.2026 - Luis Fernando Coello | Banca March

Durante la década pasada, la economía pareció avanzar hacia un mundo cada vez más ligero. El valor estaba en las plataformas, los datos o los algoritmos. Las compañías más admiradas eran aquellas capaces de escalar sin activos físicos y vender sin inventarios. La promesa de la digitalización era precisamente esa: una economía menos dependiente del territorio, de las materias primas y de la pesada infraestructura.

Sin embargo, los últimos meses han recordado una realidad más incómoda: incluso la economía más digital necesita una base material sobre la que sostenerse. El cierre del estrecho de Ormuz ha puesto de manifiesto hasta qué punto el crecimiento global sigue influenciado por las rutas marítimas, oleoductos y capacidad de transporte.

Luis Fernando Coello es Analista Senior de Estrategia de Banca March

El paradigma de esta nueva tendencia es la inteligencia artificial. La mejora de sus modelos exige una ingente inversión en centros de datos, al depender directamente de una mayor capacidad computacional. Esto ha reordenado las prioridades de las grandes tecnológicas, que ya no compiten solo por talento, sino también por servidores, energía y componentes críticos. El resultado es una inversión total que este año superará los 800.000 millones de dólares, algo menos de la mitad del PIB de España.

Este retorno a lo tangible está beneficiando, en primer lugar, a los fabricantes de semiconductores, impulsando sus beneficios y su generación de caja. Nvidia realizó en el último trimestre más de 60.000 millones de beneficios operativos, doblando los resultados de Alphabet.

Pero el fenómeno no se limita al sector tecnológico. También está provocando una profunda transformación en el consumo energético. Ya se estima que para 2030 la demanda eléctrica de los centros de datos alcanzará un volumen comparable a la India. Al mismo tiempo, está suponiendo un importante impulso para las compañías industriales vinculadas a la electrificación.

Además, esta ola inversora parece lejos de agotarse. Con previsiones de alcanzar seguramente el billón de dólares antes del 2030, el último trimestre de resultados mostró como todas las grandes tecnológicas incrementan sus previsiones de inversión para este y el próximo año.

Asimismo, esta expansión de la infraestructura está teniendo unos efectos muy tangibles sobre la economía y la sociedad. En este mismo sentido, actualmente en Estados Unidos se invierte más en centros de datos que en oficinas, 49.000 millones de dólares vs. 46.000 millones en el último trimestre. Otro ejemplo está en Corea del Sur, donde el auge del sector de semiconductores ha convertido a los trabajadores de estas empresas en los solteros más codiciados en la estricta sociedad coreana. Y también externalidades negativas, como en Nueva York, donde ya se han paralizado algunos proyectos de centros de datos por el potencial impacto que podrían tener sobre el suministro eléctrico.

Por ello, a diferencia de otras revoluciones tecnológicas recientes, la expansión de los modelos generativos está teniendo un impacto más real. Seguramente, el camino estará marcado por episodios de volatilidad, pero el objetivo de los grandes hiperescaladores es inequívoco: más capacidad computacional, para crear y usar mejores modelos, lo que traerá más crecimiento económico y buenas oportunidades de inversión.

Artículo publicado en ABC

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