Nuevas formas de desigualdad en la era digital
Los resultados de nuestra investigación muestran que la brecha digital en jóvenes ya no se limita a la disponibilidad de conexión a internet o la presencia de pantallas en casa, sino que abarca las competencias educativas necesarias para usar las herramientas digitales con autonomía, el impacto del teléfono móvil sobre la concentración y el nivel de apoyo disponible tanto en las aulas como en los hogares.
El reto del uso crítico frente a los sesgos y la desinformación
El uso de la
inteligencia artificial se ha extendido con gran rapidez entre el estudiantado para resolver tareas o buscar explicaciones, pero utilizar estas aplicaciones no implica
conocer sus limitaciones ni detectar errores o información falsa, lo que puede generar nuevas desigualdades entre quienes disponen de orientación y quienes recurren a ella sin criterios suficientes para valorar sus respuestas, como advierte Elena Rúa, nuestra responsable de Educación para la Ciudadanía en Ayuda en Acción.
A esta situación se suma la interferencia del tiempo conectado en el rendimiento escolar, ya que el 31 % del alumnado reconoce que
la tecnología dificulta su ritmo de estudio y el 37 % consulta el móvil de forma repetida mientras hace los deberes. Todo ello cuestiona la idea de que haber crecido rodeado de pantallas convierte a los adolescentes en personas competentes digitalmente.
Propuestas para una educación inclusiva y con equidad
La falta de acceso a equipos adecuados sigue siendo un problema real, dado que el 23 % del alumnado participante no dispone de ordenador propio en su hogar y el 48 % señala que en su familia no pueden ayudarle a verificar contenidos en Internet. Por ello proponemos reforzar la alfabetización mediática en los centros, facilitar ordenadores al alumnado en situación de desventaja socioeducativa y formar a familias y profesorado para que la tecnología sea un motor de inclusión y equidad.
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