Helena Garay, directora de los grados de Comunicación de UNEATLANTICO, protagoniza una sesión sobre el retrato en el MAS

2.10.2026 - | Universidad Europea del Atlántico

La directora de los grados de Comunicación de la Universidad Europea del Atlántico (UNEATLANTICO), Helena Garay, ha trasladado su experiencia en torno a la imagen y la representación al Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Santander y Cantabria (MAS), donde ha participado en una nueva sesión del programa «Nuevas Narrativas».

A través de «Retratomanía en la MAScolección», Garay ha propuesto un recorrido por diferentes obras de la colección para reflexionar sobre la pose, el contexto y las decisiones que intervienen en la construcción de un retrato.

La actividad se integra en «Salita de invitados», un nuevo ciclo del programa de mediación artística «Nuevas Narrativas», desarrollado por el MAS junto a DidacArt. El ciclo está compuesto por cuatro sesiones en las que profesionales de diferentes disciplinas plantean recorridos por las colecciones del museo para todos los públicos, estableciendo conexiones entre las obras, sus especialidades y el territorio.

En esta ocasión, el recorrido tiene como eje el retrato y está especialmente vinculado a la trayectoria investigadora de Garay. La directora de los grados de Comunicación de UNEATLANTICO es doctora en Investigación en Humanidades, Artes y Educación por la Universidad de Castilla-La Mancha, donde desarrolló su tesis doctoral «Retratomanía: Presentación del individuo a través de la pose corporal en el retrato fotográfico», un trabajo centrado en la construcción del individuo a través de la imagen y la pose. El título de la sesión, «Retratomanía en la MAScolección», parte precisamente de esta investigación.

Durante la sesión, Garay propone acercarse a las fotografías de la colección del MAS desde una mirada menos inmediata. Frente a una imagen, plantea preguntas como qué vemos, cómo está posando la persona retratada, qué significa esa pose o qué elementos de la fotografía nos llevan a interpretarla de una determinada manera. También invita a considerar qué aporta el propio espectador a la lectura de la imagen y cómo cambia su interpretación cuando se conoce la época y el contexto histórico en el que fue realizada.

Para ella, mirar una obra también es pensar. Observar, interpretar y contextualizar se convierten así en tres pasos fundamentales para comprender un retrato, más allá de la búsqueda de un simple parecido físico.

Uno de los puntos centrales de la sesión es precisamente la pregunta sobre qué hace que una imagen sea un retrato. El parecido físico aparece como una posibilidad, pero no como la totalidad del género. Un retrato no solo habla de cómo es una persona, sino también de quién es y de cómo ha decidido —o han decidido por ella— presentarse ante los demás.

En este proceso, la selección adquiere un papel fundamental. Todo retrato implica seleccionar: una postura, un encuadre, un espacio, una expresión o determinados elementos que acompañan al protagonista. Como plantea Garay, construir una imagen no significa necesariamente falsificarla, sino tomar decisiones sobre cómo queremos que alguien sea visto.

La pose ocupa un lugar destacado en este análisis. Una misma postura puede transmitir autoridad, vulnerabilidad, cercanía, solemnidad o desafío, pero su significado también depende del lugar y del contexto en el que se produce. De ahí la importancia que Garay concede a los referentes: para aprender a hacer fotografías también es necesario observar y analizar el trabajo de otras personas.

Garay también aborda una aparente paradoja de la fotografía contemporánea: «La naturalidad también se ensaya». Aunque muchas imágenes actuales buscan transmitir espontaneidad, esa naturalidad puede ser también una forma de pose. Posamos incluso cuando intentamos aparentar que no lo hacemos.

Desde esta perspectiva, la pose no ha desaparecido, sino que ha evolucionado. Lo que en una época podía considerarse natural, apropiado o deseable puede adquirir un significado completamente diferente en otro momento. Por eso, ante cualquier retrato surgen nuevas preguntas: ¿quién decide cómo aparecemos? ¿la persona retratada? ¿el artista? ¿la época? ¿también quienes observamos la imagen?

Así, la propuesta de Helena Garay plantea una última idea como punto de partida para volver a mirar las imágenes: observar un retrato es preguntarse cómo alguien ha sido colocado antes de nuestra mirada.



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